Wednesday, November 14, 2007

UN CUARTO OSCURO A MITAD DE CUADRA POR HOUSTON ST

Desde el inicio, la Maltesa se manejó bastante bien en esa isla donde apenas balbuceaba el idioma. Tenía la pasta del inmigrante decidido que llega a la conquista y no se permite un segundo puesto. Intuía todo lo que ese mundo tenía para darle, y no se conformaría con menos que eso.

Empezó dominando el barrio sin más argumentos que una sonrisa cubana imposible de evitar. Un primer trabajo en una panadería, otro en una tienda de licores. Se olvidó en unos meses que había sido bailarina en un Hotel de segunda de La Habana, con esa facilidad que tienen las mujeres para olvidar pronto los recuerdos que no pagan dividendos. Se había convertido en un cheque al portador, en la ciudad donde una potranca ganadora cotiza su peso en oro.

La Sopapa primero lo intuyó, luego se convenció: estaba ahí para llevarse todo.

El Rompevidrios le enseñaba a afinar en las noches que le quedaban libres de bares y de naipes. Pero la Sopapa en pocos días no erraba una nota, y eso siempre es peligroso para alguien poco amigo del éxito. En el cuarto de Houston Street donde amontonaban las caricias, también se escuchaban los aullidos quejosos de una hembra que pedía pista. Y Johnnie no la había llevado tan lejos para tenerla atada a una cama.

Cuando la princesita maltesa quiso conquistar las azoteas de la gran ciudad, él ya había decidido dejarla ir. No le venía mal tampoco recuperar el silencio que hace agradables las mañanas, aunque el vacío de la huida y la traición se ensañara con él por las noches. La gratitud y la vergüenza nunca son eternas.

El precio del rescate estaba saldado, y la Sopapa no pensaba consumir sus días al lado suyo una vez que se sintió segura fuera del cautiverio. Por su parte, el Rompevidrios no creía tener derechos adquiridos que comprometan la fidelidad de nadie. El era el primero en cerrar la puerta del lado de afuera cuando sospechaba que le podían poner un candado por dentro.

Se conformó con entender que nunca es tarde para aceptar una derrota, y ponerse a cantar ebrio todos los amaneceres aquella vieja canción.

You look like an angel
Walk like an angel
Talk like an angel
But I got wise
You're the devil in disguise

Se conformó con eso, pero la isla le empezó a quedar grande, y decidió que ya había estado bien de primer mundo. Era hora de regresar a la siempre virgen y prostituida Buenos Aires.

2 comments:

Gilgalad said...

Fiera...

No voy a decir que es lo mejor porque la barateja moral canta siempre desafinada. Si voy a decir que este escrito causa mi pico de emoción en Johnnie.

Hay frases que deberían ser guardadas en cajas de cristal para que quien se interese lea que los lugares comunes no nos agotaron todos los espacios de la imaginación ni mucho menos. Palabras gloriosas como:

"Se olvidó en unos meses que había sido bailarina en un Hotel de segunda de La Habana, con esa facilidad que tienen las mujeres para olvidar pronto los recuerdos que no pagan dividendos."

o ésta, que es magistral:

"No le venía mal tampoco recuperar el silencio que hace agradables las mañanas, aunque el vacío de la huida y la traición se ensañara con él por las noches. La gratitud y la vergüenza nunca son eternas."

Gracias Valentín por tanto Juan.

yanmaneee said...

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