Thursday, February 17, 2011

Pongan el carro en movimiento, déjenlo andar


pero sepan por su seguridad
que no siempre los melones se acomodan solos.
A veces ellos mismos lo creen. Creen en acomodarse
en que no necesitan.
A veces lo simulan.
A veces parece que se acomodan
pero si le ponen un ojo al sentimiento y se valoran un poco
no siempre se acomodan solos.

Ningún melón admite la derrota
la posibilidad de no tener la razón
por eso se entregan en un perfume tan dulce
tan bonito
que habría que ser una barrica para no conmoverse.

Estarán convencidos que no te están pidiendo nada
sienten que no necesitan, salvo aquello pequeño
una fruslería
aquello en lo que nadie repara.
Y de golpe en la adversidad se abren
y ves que el espíritu amarillo que vive en el melón quiere tu alma.

Son necesarios los mejores instrumentos
un trinchador de plata y un trapo, para lograr separar la cáscara
y poder ver lo que hay debajo de ella.
Requiere toda tu habilidad, todo tu arte trazado
en conversaciones sutiles, en amalgamas de especias
de fuegos, hornos y sartenes.
La ayuda de tus amigos, los consejos
los rasgos heredados
los bigotes del gato, los dientes del lobo,
para poder separar la cáscara de la pulpa
y vencer al espíritu amarillo del melón.

El truco se trasmite de padre a hijo
de generación en generación.
Pero habrá que amarse a uno mismo
habrá que manifestar un amor inmenso, egoísta
hasta cruel
para elegir el camino
de los árboles y el fresco
del campo en invierno
de la soledad bien ganada,
el vaso
y los amigos.

Pongan el carro en movimiento, déjenlo andar
pero sepan por su seguridad
que no siempre los melones se acomodan solos.

1 comment:

Sancho said...

Eso de los melones siempre fue muy decepcionante. Eso de que se acomodan solos. Y es verdad lo del espíritu amarillo del melón. Pobre melón. Qué melonazo.