Thursday, January 30, 2014

Serf: con las rodillas golpeadas, raspadas, untadas de atlántico criollo. Serf con el dedo mocho. Con el mar mansito el primer día y después guacho, revuelto, confuso, picado, picapiedras, picatobillos. Con nuestros hijos, siempre más valientes que nosotros. Con viento a favor y viento en contra. Serf con olas de 60, 70, 80 centímetros, porque vendrán más grandes y mejores. Con poder pararte una d...e diez, dos de diez, tres de diez. Con remarla como nunca para trepanar la rompiente enojada. Con pitas que se sueltan, que se cortan, que te pegan como látigo. Con revolcones. Con olas que te clavan, que se chupan, que te dejan de garpe. Y que, en una vuelta generosa te levantan, te llevan, te acompañan esos segundos que parecen horas, que parecen primeros, los primeros. Segundos que son horas sobre las olas. ¿Cómo pudo haber sido antes sin serf? Serf con armadura de neoprene. Serf para después fumarte el pucho y mirar el mar generoso. Serf para joderf, para agradecerf, para volverf.