Se elevó la música de caras agolpadas por la madrugada.
El olor a madera de ese violín
pasó sin ser aspirado por todos los pulmones
que se llenaron con el humo del ciento dos.
Mientras los vientos invaden la mente, esa luz los mantiene presos en sus latitas con asientos reclinables.
Fue cuando se quemó enfrente mío.
Sus ojos desesperados se clavaron en mí.
Arañando el piso de goma entre lenguas de botas y zapatos,
retorciendo su columna al marchitarse
se consumieron los huesos y las ramas.
Un grito calcinado,
que estalló en una lluvia de ampollas.
Y un trueno.
Monday, June 04, 2012
La Quema
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Thursday, April 26, 2012
El micro a Dublín
A veces
siento la necesidad de cargarlo en brazos.
Lo veo tan frágil
de la cocina a la cama,
que siento la necesidad de cargarlo en brazos.
También siento ganas de abrir cuarenta cervezas diferentes y visitar cuarenta países
y que la hora se transforme
en seiscientos, seis mil, sesenta mil o seiscientos mil segundos.
De tomarme un micro Retiro - Dublin
y hablar hasta donde alcanza la vista
escucharlo, con la profundidad que se escucha al silencio,
escucharlo
hasta que Irlanda se ponga roja.
A veces pienso en todas las cosas que me hubiera gustado oirle y no me dijo
porque cada uno tiene sus indecibles.
A veces, en estos días
soy crucificado de a poco
pero es necesario reconstruirse
dejar de lado
las reconvenciones y los caprichos
-estamos muy pelotudos en estos días-
es necesario coserse la boca
apartarse
y sonreir a navajazo limpio.
A veces
pensar en su ausencia futura y próxima
me genera una nostalgia anunciada
una angustia gelatinosa
inasible
resbalosa.
A veces quiero más recordarlo que verlo
y resulta difícil en este contexto
asignar las prioridades correctamente.
A veces
tengo todas estas dudas
pero al final
la vida es un suma y sigue
hay que cerrar la cabeza
ponérselo más fácil
tanto a él como a mi.
Revolear los ojos para arriba
y que sea lo que Dios quiera.
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Wednesday, April 25, 2012
Yo rata y vos perro
ladrándole a la luna no te imagino,
tan lacónica
ladrándole a la luna
no te imagino.
Yo rata de agua,
así de feroz
y más tierna que un bife de chorizo.
Yo rata de agua y en la luna
en los agujeros de la luna te pienso.
Vos perro de agua, fiel, sincera, inteligente
más directa que un guión
más inteligente que un buho.
Y acá estamos
asustados
un noviembre de abril
corriendo del pasado
queriendo cambiar
no sabemos qué.
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Wednesday, March 14, 2012
Patagonia
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Tuesday, February 14, 2012
Una guerra en Sierra Leona

El acto número uno fue encontrarse
con la mirada llena de ácido sulfúrico.
Los ojos
listos
para disparar al menor movimiento de párpados.
Disparaba un No Credo
que recordó a la tortuga sosteniendo los cuatro elefantes:
No creo en la televisión.
No creo en los edificios públicos.
No creo en los billetes de lotería.
No creo en los frigoríficos.
No creo en vos.
Tampoco creo en mi. Aunque en mi
creo un poco más.
El acto número dos fue construido sobre ladrillos de sonrisas, palmadas
y adopciones
También sobre cierta tensión sexual
que por derecho propio se abrió paso
con un abrazo que se prolongaba de más, unos instantes.
Fue cuando armaron un poco de confianza
acercándose con la punta de los dedos.
I've crossed oceans of time to find you.
El acto número tres es descripto como el de la separación
que a veces
genera el hábito de extrañar
y siempre, el de imaginar.
Como caramelos de limón partidos
entre un martes y un miércoles
y alguna presentación ad hoc
en los malls de la capital
entre nochebuena y año nuevo.
Y comimos buñuelos
pero cada uno en su casa
o en alguna otra casa u hotel o camping.
El acto cuarto
es tan corto, tan preciso
como un epílogo
como un perro
como una guerra en Sierra Leona.
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Gilgalad
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10:45 AM
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Wednesday, February 01, 2012
De los padecimientos de la juventud ante grandes desafíos
Ya tiende a envejecer la obtusa rubia
y su concha, a oler a pozo ciego.
Un flaquito bombea sudoroso
a la niña de ayer, hoy diestra hambrienta.
Lava blanca le inyecta por ojete
(tamaño sable trepanando un ano)
surtiendo allí el muchacho a doña rica:
recibidor upite; añejo, atiborrado.
Dolorida y cochina ella agradece
más no deja de rogar lechosa prenda,
y mientras pide, frenética se enreda
en insultos tan hondos que avergüenzan.
Ya contraataca el pibe enardecido
la casada señora empalidece,
un breve llanto de su vulva brota
y otra vez pide que el cántaro se llene.
Pero el niño, agotado, ya no puede;
toda una riada, en un lapso apenas.
De la tensa mujer, todas sus venas
son escultura del frondoso trance.
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Sancho
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