Wednesday, November 09, 2011

¿Menos es más?


Suelo, cada vez más esporádicamente, escribir una columna de opinión (política, actualidad, sociedad) en un portal de noticias de la zona sur del conurbano bonaerense. No tengo pauta de trabajo, ni deja de salir el portal si no la escribo, por lo que la voluntad de escribirla queda prácticamente en mí (la paga, gratamente lúdica, podría ser el mayor aliciente).
En general, mi vagancia y las circunstancias me llevan a la dilatación temporal hasta que el tema deja de tener vigencia, con lo que el remordimiento de no mandar la nota va aminorando como en fade: si la mando ahora quedaría prehistórica, me digo finalmente en el preciso momento en que me atisba un segundo de voluntad por comenzar a escribirla.
Pero a veces pienso que no tengo que ser tan culposo, que tal vez mi proceder (o no proceder, mejor dicho) tiene que ver con los tiempos en que vivimos.
Ejemplifico. Por estos días se me ocurría escribir en aquel portal sobre lo del dólar. Lego en cuestiones técnicas de economía, apenas tenía una idea: razonable y equitativo es para un estado intervencionista pedir justificación de recursos ante el fisco para comprar verdes (sobre todo si hay una pretensión redistributiva); pero la medida peca de efectista, pues la inmensa mayoría de los porteños de a pie que se queja por la imposibilidad de compra arrastra de larga data la costumbre de comprar el billete norteño en negro. Costumbre casi tan común como caer en operaciones ajenas –cadenas de email, comentarios boca a boca apocalípticos, medios interesados, etc.- o seguir aspiracional o tilingamente lo que los grandes jugadores hacen en un par de movidas.
Sea como fuera, lo cierto es que no está (tenemos) normalizado lo que en varios países desarrollados: si comprás algo (verdes, en este caso) tenés que justificar de dónde sacás el dinero, que aportaste lo que el contrato de moderna convivencia te imponía. Entonces, en el caso argentino, habría que ir más hacía atrás, formalizar, bancarizar aún más el sistema (al cual el estado debería empujar de alguna manera para que otorgue créditos blandos hipotecarios, por ejemplo, pero ese es otro tema). Dirán, los que tomaron la medida, que por algo hay que empezar; aunque sea en una instancia inadecuada, como en este caso. Allá ellos, por ahora no parecen equivocarse mucho, por lo menos el aval electoral lo demuestra.
Pensé también no mandaba la nota porque, como decía antes, esta apenas se reduce a una idea: no se puede de un día para otro pretender que compren con formulario Afip a quienes tienen por costumbre la informalidad; se requieren medidas en etapas previas, primero (aunque suene redundante). Formular con palabras esto difícilmente me ocuparía más que un par de párrafos. Tan concreto ese pensamiento, que hasta podría resumirse -agudeza y código compartido mediante- en 140 caracteres (un Twitt). O no: a la hora de escribir una columna, lo que comienza en una idea termina en casi una decena de párrafos y en un dolor de cabeza para el editor web quien, con razón, me dice que al leer una nota en la red el lector apenas mantiene la atención durante unos pocos párrafos. Refuto otra vez, sabrán tenerme paciencia, diciendo que pocos placeres para el lector interesado como la prolongación de un texto que se va disfrutando; pero lo cierto es que es al lector desprevenido, casi circunstancial, al que hay que seducir en un portal de noticias web. Y ese requiere una velocidad y una contundencia cercana al Twitt.
Entonces me pregunto en si los tiempos nos imponen modos de pensar y escribir (o alrevés), y si ahí hay algo que todavía no discierno bien de los Twitts. ¿Y si el intercambio de Twitts supone e impone agudeza, certeza, profundidad y resumen? ¿Hasta que punto el formato, la tecnología, el mercado, tiende a determinar los contenidos, como sucedió la entrega en plazos por folletines, hace ya mucho tiempo? Ya sé, muchos saldrán a bancar las argumentaciones profundas, los párrafos para desarrollar ideas, etc., frente al mundo aparentemente inmediato y superfluo de las herramientas digitales con las que convivimos. Así tiene que ser. En esa tensión, la fuga será, irremediablemente, hacia adelante. No queda otra, pues nos tenemos que entender.

1 comment:

Anonymous said...

Redondito! No hay nada que pueda hacer un corrector de textos. En cuanto al contenido, pensamos distinto.