Friday, July 27, 2007

Conversación grabada en el colectivo 64, Viernes 27 de Julio de 2007, 10,20 AM. Trayecto: Alto Palermo - Plaza Italia.


El Ñato Chorizo:
- Ayer fuimos a "lo de Roberto".

El Lápida (interrumpiendo):
- ¡Acá contandomé!

El Ñato Chorizo:
- No se podía entrar.

El Ñato Chorizo (respuesta a un suceso anterior):
- ¿Ah si? ¡Qué alcahuete!

El Lápida:
- ¿Qué Roberto? ¿El del ojete tuerto?

El Ñato Chorizo:
- ¡Lo de Roberto! ¡Donde vos cantabas a las cinco de la matina!

El Lápida:
- Ah... pero eso ya es un for export total. Eso no va más. Lleno de gringos y putos paquetes.

El Ñato Chorizo:
- El cincuenta por ciento... ¿Pero había buenas minas eh! Muy buenas.

El Ñato Chorizo:
- Todas gringas.

El Lápida:
- Y sí... Lógico.

El Ñato Chorizo:
- Que lugar va ahora? La pregunta es...

El Lápida (interrumpiendo):
- ¡Ahora va lo de Gutierrez! ¡Revuelto "granajo"!

El Ñato Chorizo:
- ...si hay algún reducto tanguero para homo porteñenses?

El Lápida:
- La verdá la verdá... me mataste... si te digo te miento... y si querés te sigo tirando respuestas de tachero... hasta el hastío... pero la verdá flaco... ¿vos sabés qué no sé?

El Ñato Chorizo:
- Ta bom.

El Ñato Chorizo (haciendo una pausa entre las dos frases):
- ¡Pero de levante está muy bien!

El Lápida:
- ¡Claro! Aparte las gringas son de rosqueta fácil... y eso es lindo.

El Lápida:
- En el delirium tremens del alcohol pincharse una de esas valkirias deliciosamente excedidas de peso, llenas de pecas rozagantes

El Ñato Chorizo:
- Sí pero yo ni siquiera en ese estado... Soy un caracol. Lo mío es el trabajo fino de chamuyo. En el medio de los boliches me siento sin mis herramientas básicas de supervivencia. Soy como una especie de león enjaulado y presionado vilmente por un domador bigotudo de circo con látigo y silla en la mano.

El Lápida:
- ¿Pero por qué? Si con tres whiskys salís arando. Un argentino con tres whiskys no tiene límites.

El Ñato Chorizo:
- Y bueno... viste... es la triste realidad.

El Lápida:
- No, no puede ser. Si seguís mi receta no te puede fallar.

El Lápida (haciendo una pausa):
- ¡A menos que falles en la dosificación!

El Ñato Chorizo:
- ¿Vos decís darle a fondo?

El Lápida:
- El abordaje al ganado anglosajón se puede realizar mediante dos métodos infalibles:
a) el método del whisky (de tres a siete medidas)
b) el método de la ginebra (de cuatro a seis)

FIN DEL VIAJE

(colaboración Sancho - Gilgalad)




Thursday, July 26, 2007

Amor Gitano

Busco,

en los contornos de la tormenta de granito,
en las notas zigzagueantes de la noche que se hizo día a pesar suyo,
en los confines de la botella donde Hernán vaciaba los intestinos,
en las curvas de una potranca que te sonríe en el Paddock y después no quiere largar
en tu coche desarmado que suplica llanta de ocasión,
en el colorido copetín de una mesa de domingo al mediodía, nublado y frío,
en la baldosa floja que mea su perdición en tu zapato blanco,
en una esquina que se perdió en el barrio San Cristóbal y la encontraron moribunda en las aguas negras de la costanera Sur,
en el olor de la carnicería del paraguayo de Barracas que corta la tira el doble de ancha y le deja la grasa,
en las cuerdas sin estrenar de mi guitarra blusera,
en el perro citadino que huele la carne pero se conforma con alimento balanceado,
en aquellas tetas saliendo implacables de la blusa,
en el bondi que se transformó en submarino en las calles de Liverpool (¿lo vieron salir a respirar en Paradise Street?)
en un aula de techos inalcanzables, paredes verde agua, y mi aturdida sombra que se duerme en el frío del pupitre,
en la pelota que se escurre bajo la suela del marcador de punta que no durmió la noche anterior (la fiesta fue en lo de una vecina de Turdera)
en el quejido de las brasas rojas cuando se apoya la tira doble del paraguayo de Barracas,
en el whisky de 12 años,
en el del mes pasado,
en la rubia que al final era morocha y se fue sin saludar.

Busco,
y a veces encuentro
algún fragmento
por el que vale la pena
seguir buscando.

Wednesday, July 25, 2007

Deshollinador




Lleno de hollín en los ojos
de ciego.
Ciego y negro
como un tambor,
como un ruido de sordina
o un caño de escape
o una combustión pobre
o como esas mujeres que en la cama quedan negras.

Por ahí es negro.
Por ahí baja por la chimenea
Por ahí silba para afilar
y queda negro.

Por ahí nace, por el útero,
y nace negro
y lo deshollinan.

La Guerra de las Galias










Había en esta legión dos centuriones valerosísimos, que pronto iban a ascender a los primeros órdenes, T. Pulón y L. Voreno. Andaban éstos en continua competencia para ver quién era preferido, y todos los años se disputaban los grados con la mayor emulación. Pues bien, cuando mayor era la furia del combate al pie de las fortificaciones, dijo Pulón: “¿A qué esperas, Voreno? ¿ O cuándo piensas demostrar tu valor? Esta jornada decidirá nuestras competencias”. Dicho esto, sale de las fortificaciones y arremete contra los enemigos donde la parecieron más apiñados. Entonces Voreno tampoco se queda al abrigo del vallado, sino que, temiendo la censura de todos, le sigue inmediatamente. Al llegar a una distancia conveniente, dispara Pulón su pica contra los enemigos y atraviesa a uno de la multitud, que avanzaba corriendo: herido y muerto éste, los enemigos lo protegen con escudos y todos dirigen contra Pulón sus disparos, cerrándoles el paso. Atraviésanle el escudo y se clava un venablo en el bálteo. Este accidente le desvía la vaina y, mientras con la derecha se esfuerza en sacar la espada, cércanle los enemigos. corre a ayudarle su competidor Voreno, socorriéndole en el peligro. Al punto se vuelve contra éste toda la multitud, dando a Pulón por muerto de la estocada. Voreno maneja con ímpetu la espada y, matando a uno, hace retroceder un poco a los otros; al seguirlos con excesivo ardor, se mete en un hoyo y cae. Entonces Pulón, viéndole rodeado de enemigos, corre en su ayuda, y ambos, después de matar a muchos, se retiran al campamento incólumes y cubiertos de gloria. La Fortuna guió a uno y otro en la emulación y en la contienda de tal modo que mutuamente, a pesar de sus competencias, se salvaron la vida, sin que pudiera juzgarse cuál aventajaba en valor al otro.


Julio César

Y a las catorce treinta

la masacre en pantalla
Metralla de obviedad,
fuego a discreción sobre el silencio.
“Super tranqui, canchero,
moderno, me encantó,
total, divino”
entre los peluqueros,
videntes
y putistas
las damas apresuran exterminio:
linchan las oraciones,
desgracian todo encanto posible en la palabra,
con filosas uñas esculpidas
convierten los hechos en colgajos.
Después lo cubren todo
con cremas anti-age.
Si los jirones de algo insinuaban crecer
las señoras lo aplastan.
Al menor indicio de frescura,
lo asilan el freezer,
lo embolsan con destreza;
ya lo ajusticiarán
en ese microondas re-práctico.
A la voz que casi se escapaba
–un pensamiento que no llegó a destino–
a punto de agitar humanidad,
la liquidan. Le pasan lustramuebles,
parafina, desierto, pantymedia.
Apenas dejan ruido, esquirlas,
cotorreo tenaz hacia la nada de yogur,
de yoga, de pan negro,
de acupuntura, reiki, sexo tántrico,
velas artesanales.
Soledad devastadora infinita.
Marido viendo el fútbol en ojotas
Pese a los ritos que ellas,
con empeño entusiasta, se prodigan:
se untan, raspan, cosen, condimentan, bruñen
amasan, maceran,
como matambre parrillero
a lo largo y ancho de sus cuerpos,
sus órganos
su amor
su deseo, su tiempo.
Se horadan, se mejoran con piedras, jugos, soluciones, telas,
barros, extractos, hilos,
alambres, frutas, aceites esenciales, polvos mieles,
cristales, barnices, esponja exfoliadora,
raíces, agujas, hueso, cartulina.
Vamos a la pausa.
Desbocada, la cámara patina,
chapotea en un flan, sigue de largo,
apura frenesí,
y su última toma es un plano completo:
el bolsillo trasero de un pantalón azul.
Música japonesa.
Títulos. Por si quedaban dudas, la libertad es feroz.