Tuesday, September 28, 2010

Yo quería llegar


pero la rompiente se iba a alejando,
me pesaban los brazos.
De golpe, tuve músculos viejos.
De golpe no era joven.
Ni la esperanza blanca,
ni la desesperanza negra;
la rompiente se me corría,
me cambiaba de altura y de frontera .
Aparecí rodado en el sincanto,
en una multitud de obligaciones,
confusas, incumplibles, canaletas de engaño
que te llevan ahí,
a aguas heladas,
donde unos caminan
y otros se hunden
y nadan
hacia la rompiente,
porque ya no creen en ver tierra
y pasando la rompiente,
ya sabemos.
La rompiente se ríe,
se mueve,
su ley de gravedad me ignora.
No hay que pedirle a la rompiente
ella es peor que una mujer:
es un caimán carioca.

6 comments:

Teresa Garcia Figueroa said...

Bellisimo, Sancho. Gracias por escribirlo y gracias por compartirlo.

Teresa Garcia Figueroa said...

Bellisimo, Sancho. Gracias por escribirlo y gracias por compartirlo.

La Fiera said...

Todos queriamos llegar y por ahora seguimos chapoteando, pero guarda, todavia estamos en carrera, que se agarren esos caimanes planchaditos del Pan de Azucar...

Gilgalad said...

Me encantó lo del caimán carioca Sancho. Buenísimo como suena.

Para mi que siempre fuí medio gordo, la onda nunca fue llegar. La onda siempre fue ser el último que se cae.

El guardian de la maldita ota said...

Ja!, buenisimo Gilga, esa actitud espartana que solo los rellenitos supimos ejercer....

Gilgalad said...

y comprender...

vos con esa política de ser el último en caer ya le ganaste a una aneurisma.

Ja!