Sunday, May 12, 2013

Los campeones morales decidieron

perseguir con tenacidad

a La máquina del amor.

Pero La máquina

olvidada de sí misma

siguió escandalizando al pueblito

donde cinco  millones de habitantes

solían ver televisión a las veintiuna y treinta,

fascinados con el millonario bocón que muestra las fealdades,

las miserias del alma. Las calificaciones. Los valores.

Los números. Los autos.

Los zapatos brillantes en punta.

La seda con que viste el mono.

Los campeones morales pusieron

toda la carne

todo el metal

todo el jugo de miedo;

todo en juego,

porque querían ganar.

Los campeones morales siempre

necesitan ganar. Y casi siempre ganan.

Pero La máquina

les fue indiferente;

persistió en intercambiar

pacíficos fluidos.

Los campeones morales son incorregibles

pero La máquina del amor

no deja de asombrar;

a todas horas

a diestra y a siniestra

a tontas y a locas,

para públicos numerosos o escasos

mientras Los campeones morales la persiguen.

Esa es la historia.

Se titula:

“Los campeones morales

versus

La máquina del amor”.  

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