Sunday, July 20, 2008

El Turno


Cuando llegue a las costas donde duermen los viajeros insaciables, volveré a partir. Con la sospecha de poder alcanzar el balcón de la morocha que coronó los inviernos en las estepas.

Cuando llegue hasta esas costas para muchos invisibles, tendré que poner candado en mi equipaje y tirarlo por la borda, verlo flotar hasta la orilla donde los bandidos se arremolinan en torno al naufragio, y desnudo, partir caminando hacia el ocaso.

Cuando llegue al ocaso, espero encontrar las velas encendidas de los musicantes, tocando viejas canciones de los Balcanes, para que todos podamos embriagarnos sin complejos, como gitanos en un bautismo desorbitado.

Cuando haya alcanzado las cavernas de los desposeídos, haya bailado en sus entrañas húmedas, y soplado la trompeta en la esquina de la misericordia, tomare otra copa para ver si aún estoy lúcido. Si lo estoy, volveré a tomar, hasta que los sentidos no me pertenezcan.

Cuando haya adormecido la cadencia de los latidos, y un último hilo de conciencia permanezca en la carne del cuerpo que derrapa, apoyado en una piedra amable, en medio de gritos y gemidos, en el patio trasero de Gomorra, comenzaré a trepar lentamente la cordillera hasta el balcón donde la morocha se inclina ante los caminantes, y esperaré paciente, que llegue mi turno.

3 comments:

Gilgalad said...

Tus poemas en general, y este en particular, tienen como una latencia de juglar, de relato.

Este por ejemplo me trajo a la memoria (no se por qué ya que la temática no tiene nada que ver) a Beowulf.

Me parece fabuloso el ritmo y la temática: que turno, todos esperamos el turno y el biturno porque por esas cosas de la cabeza cuando estás en el balcón parte de la energía se te va calculando que tu tiempo en el beso de la morocha está a punto de expirar.

Uno igual siempre tiene la esperanza de que la morocha se quede con nosotros para siempre. Pero es una vana esperanza y gracias a Dios no es así ya que todo pierde magia con la frecuencia.

Como el libro de Capote... hay más lágrimas en el cielo por las plegarias atendidas que por las que quedan sin atender.

Muy bueno Fiera Centauro.

Maro said...

Fiera querido; hay algo que subyace en tus poemas y que me gusta. Es un guiño, a veces una queja, y otras una celebración, pero está ahí siempre, la idea del viaje continuo.
La idea del andar, del armar para desarmar, de amar para desenamorarse y para enamorarse nuevamente.
El viajante lleva a la muerte de aliado.
La conoce, la acaricia, la seduce en el fino canto de un balcón; y le dice que no, que todavía no, que hay que seguir viajando.

Salú Fiera Centauro.

Y si no es ofensa, incluyo aquí (por no encontrar mejor sitio) mi elogioso comentario al nuevo header: Grande Galad! Suscribo con ferrea elegancia al principio pescador.

Majo said...

Hermoso poema! Perfecto reflejo del caminante de alma, de Juancito, o cualquier ser de espíritu libre que va haciendo su camino, buscando siempre ese "algo más" que tiene el mundo para el... Me encantó!