Saturday, February 28, 2009

Está en tus narices,

en el dibujo indeleble de la cicatriz y la mordaza,
en lo que alguien llamó "la comisura de los labios"
y fue suficiente para que los demás lo repitan siempre
con solemne farsa.
Está en la comisura de los labios de una chica que no los presta
ni los labios, ni la comisura.
Cree que de esa manera edifica su gloria
su hambre pasajero saciado con tus manos vacías
y un tiritar de emoción por el triunfo.
Un triunfo tibio, que se vuelve derrota
cuando cuesta llenar la almohada de ronquidos
y la mañana de despertares.
Baila como una araña en el ring
suspendida entre la música de los árboles que la sostienen
cuando empieza a oler la caída.
La tiene ahí, en sus narices,
en el dibujo indeleble de la cicatriz y la mordaza
es el instante donde la derrota está abrazando esos pies
de mujer que dejó pasar altanera
la oportunidad de entregar
algo más
que una comisura y unos labios.

3 comments:

Gilgalad said...

Groso. Me gusta. Es como la reedición de la mina del tango, que arrastraba a todos los varones en su juventud, pero cuando se le va, queda pagando.

Tipo:

"cuando llegués al final de tu carrera, tu primavera verás languidecer"

"Y mañana, cuando seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas en tu pobre corazón"

Es también el problema de muchas mujeres, que tocan el pico de sus vidas a los veinte años y luego la inevitable declinación se transforma en un alud de nieve.

Majo said...

me encantó!
cuantas personas dejan pasar las oportunidades pensando que más adelante va a llegar algo mejor y cuando se quieren acordar ya es tarde.
hay que estar atento...

marta sanchez said...

bello ,bello, cuantas glorias mal entendidas que olvidan el placer de los labios y narices ardientes despues del placer.