Tuesday, April 22, 2008

El Nombre

Se me atragantó tu nombre, en el bar
de la esquina de Agüero y avenida Córdoba.
Se me atragantó frente a un plato de sopa que olía a grasa
y a horas de hervor descuidado,
aunque tenía el sabor de la Primavera.
Lo tuve en mi boca vacilante,
no me había olvidado de pronunciarlo,
ni de acariciarlo,
como tantas tardes a escondidas
entre plazas, escaleras de incendio y hoteles alojamiento.
Lo quise dejar a un costado del plato, pero volvía a mi garganta,
y me ahogaba. Así es desde que el nombre
no me pertenece
después de haberme horadado
con gotas de distancia.
Se me atragantó tu nombre en horas de la noche,
las eternas, las constantes horas donde vuelve
tu olor, tu risa, tus agonías,
una cálida memoria que a la vez evoca
los días de la infancia
donde aprendimos juntos a ser
abanderados de una inútil resistencia.
En esa esquina de tacheros, tintos en jarra y pinotea,
en minutos de espera que antes me empujaban
y hoy me agobian,
tu nombre bailó la canción de cuna
que me cantarás cuando ya no hable, ni ría,
ni pueda amarte con la furia que desata un viento del caribe
cuando quiere hacer desaparecer una isla.
Se me irá yendo ese poder milagroso que opaca el tiempo,
se irá apagando como no sucede con tu nombre, que vuelve,
fanático, en el mantra con que el sacerdote hindú
trataba de domar nuestras mareas.
La desesperanza nos siguió por todas las calles,
hasta que la doblegamos.
Sí, nosotros, huérfanos, insolentes, contestatarios,
la doblegamos,
aunque hayamos dejado el aliento en esa lucha,
la doblegamos.
Aunque la libertad no haya sido el anhelado barco donde se fugan los marineros,
la doblegamos.
Y la desesperanza supo para siempre tu nombre y el mío.
Tu nombre, que ahora no me deja respirar sin pronunciarlo
sin que el aire arrastre la memoria traicionera,
aún cuando el amor no conozca el significado de la palabra traición
porque antes de traicionar, ya emprendió la retirada.
Así se me atragantó tu nombre en aquella esquina,
la esquina donde el sueño se durmió para siempre,
donde mi vaso se volcó en el mantel de género a cuadros rojos y blancos
donde tu mano se fue aferrando a otros instintos mas sofisticados
donde la noche nos vino a cubrir, en la misma Buenos Aires
que nos protegió magnánima, mientras fuimos prófugos
de sus sotanas, sus pedregullos, sus vigías.
Se me atragantó tu nombre y nunca mas podré olvidarlo
en esta esquina que se me hace tan eterna
como la voz del viejo Sam
cantando afónico As times goes by.

5 comments:

estachika said...

Qué emocionante elogio del amor joven, presuntuoso, que no sabe de especulaciones. Orgullosa debe estar la merecedora de las palabras. Dondequiera y con quien sea q esté, seguramente, en algún sueño, también deben atragantársele las letras del nombre del autor. Me gustó mucho.

Gilgalad said...

La verdad es una gloria este poema. Me impresiona cada vez que lo leo.

Está repleto de esas imágenes que nos pesan como nos pesan las cosas que nos unen a todos los hombres porque todos las hemos vivido.

Gilgalad said...

Me matan estas frases:

"o me había olvidado de pronunciarlo,
ni de acariciarlo,
como tantas tardes a escondidas
entre plazas, escaleras de incendio y hoteles alojamiento."

"Se me atragantó tu nombre en horas de la noche,
las eternas, las constantes horas donde vuelve
tu olor, tu risa, tus agonías,"

"en minutos de espera que antes me empujaban
y hoy me agobian,"

"Se me irá yendo ese poder milagroso que opaca el tiempo,
se irá apagando como no sucede con tu nombre, que vuelve,"

"Se me atragantó tu nombre y nunca mas podré olvidarlo
en esta esquina que se me hace tan eterna"

Lo único que no me gustó es la imagen del sacerdote hindú y su mantra.

El resto me mata, me duele. Por suerte ya sabemos que es mentira y que con el tiempo solo recordaremos sus nombres para pensar en aquello de lo que gracias a Dios, que proteje a los locos, a los niños y a los poetas, nos salvamos.

Sancho said...

Chapeau para la fiera. Cada día canta mejor. Y eso que todavía no se murió. Sugiero apenas un detalle: "telo" en vez de "Hotel Alojamiento".

Nachete said...

esto es una delicia, disfruto en el simple hecho de leer esas palabras una detrás de otra, me produce placer melancolico, me evoca muchos recuerdos.